martes, 24 de noviembre de 2009

En las margines de Sevilla,

El miércoles 21 de octubre por la mañana, la orientadora académica del Instituto de Enseñanza Secundaria Encarnación Quiroga, avanza con prisas por el pasillo principal del edificio, mientras sostiene una carpeta en sus manos. Pasa por delante de su despacho, por cuya puerta entreabierta se ven algunos de los carteles que lo decoran: Resolver el Problema del Alcohol y las Drogas en la Escuela, dice uno. En otro se ve la foto de una chica joven embarazada. Finalmente, la orientadora llega hasta lo que se supone que debía ser una clase de inglés, aunque el ruído y la risa parezcan indicar lo contrario.
Dentro del aula, Judith Caro y su amiga Rosario Ramirez dominan el centro de la clase desde sus pupitres. No paran de reír. Los otros doce estudiantes del tercer curso del Módulo de Diversificación, especialmente pensado para los alumnos menos motivados académicamente, no dejan de charlar y hacer ruído tampoco. ¿Quién puede dar clase así? Los profesores del Ramón Carande, parece que no.
¨En el instituto hay poco respeto hacia los profesores, lo cual acaba por deprimirlos a casi todos¨, nos cuenta Encarnación Quiroga con pena. En el centro hay setenta y dos profesores para algo más de ochocientos alumnos. Para ellos, el trabajo es una lucha diaria. Además, cuando un profesor está de baja prolongada, muchas veces por depresión psíquica, se cancela la clase porque ¨no hay posibilidades de sustitución¨, apunta Quiroga.
El Instituto Ramón Carande, al borde del Polígono Sur, está rodeado por un gran muro metálico y oscuro, frente a un supermercado Día. La orientadora nota que “aunque la mayoría de los estudiantes proviene de un entorno donde la venta y el consumo de drogas es frecuente, no hay muchas dentro del propio instituto. Sí que existen en cambio esporádicos casos de violencia verbal, y sólo a veces física, entre los estudiantes. ¨Lo más frecuente es que no quieran ir a clase. En realidad aquí se aburren.¨
Hoy, Judith, estudiante de 16 años de pelo moreno largo, lleva unos vaqueros oscuros, camisa morada y playeras de tenis. Mientras la conocemos, admira las pegatinas que acaba de añadir a su carpeta-calendario, que ya está cubierta con las de Mickey Mouse y otros personajes de Disney. ¨Este año, tengo cursos de química, matemáticas, inglés, lenguaje e historia. Aunque me aburren un poco, hago la tarea y asisto a todas mis clases,¨ dice con orgullo. Hija de un encargado de mantenimiento y de una limpiadora, Judith tiene cuatro hermanos, de entre tres y trece años, que viven en un pequeño piso de las Tres Mil Viviendas.
En el año 1963, el Ayuntamiento de Sevilla planificó una serie de viviendas para la erradicación del chabolismo y las infraviviendas del centro histórico que habían sido víctimas de una de las riadas de Sevilla. Este enrome proyecto sería bautizado Polígono Sur. Finalmente acabado en 1976, las Tres Mil Viviendas (como popularmente se pasó a llamar al Polígono) pasó a ser habitado por aquellos grupos sociales que no podían acceder a una vivienda en el mercado libre.
A pesar de este importante esfuerzo institucional, en 2006, el Presidente de la Junta de Andalucía Manuel Chaves admitió que ¨el Polígono Sur de Sevilla había sido la historia de un fracaso.¨ El barrio se hallaba, y aun hoy se encuentra, sometido a la delincuencia y al tráfico y consumo de drogas, resultado de una marginación que no cesa. El mismo año, el Gobierno Andaluz propone el Plan Integral del Polígono Sur, que en palabras del Presidente ¨requiere dinero, paciencia y participación¨. Un hecho notable dentro de la historia reciente del polígono fue la creación de la plataforma "Nosotros También Somos Sevilla" que agrupa entidades vecinales de estos barrios. Durante este tiempo se ha proporcionado trabajo a un buen número de jóvenes técnicos haciendo censos y planificando programas sociales. Los objetivos del Plan eran la creación de infraestructuras, la rehabilitación de viviendas y la reorganización de servicios sociales, además de eliminar algunas infraviviendas aún existentes, como las del barrio de La Paz, o desahuciar a inquilinos en situación irregular. Según Chaves, mucho de ello se ha conseguido.
El Ayuntamiento de Sevilla dice que ¨el problema de la segregación social es estructural a la ciudad bajo el sistema de mercado¨, lo que les hace pensar que, a pesar de los esfuerzos que se hacen, es probable que se acentúen los problemas del Polígono Sur en otras zonas en los próximos años, especialmente en los barrios receptores de inmigrantes.
En el Instituto Ramón Carande, solamente ¨el cuarenta por ciento, más o menos, de los estudiantes que terminan sus estudios consiguen trabajo y solamente el veinte por ciento entra en la universidad ¨, según la orientadora Encarnación Quiroga. La mayoría suele conseguir trabajo en profesiones de poca cualificación.
¨Todos mis hermanos asisten a la escuela¨, dice. ¨Para lograr un buen trabajo y para tener una vida mejor, la educación es muy importante¨, nos cuenta.
¨¿Qué quiero hacer cuando termine mis estudios? Ser enfermera¨, dice Judith con confianza y una sonrisa.
¨Los que quieren pueden hacer algo¨, dice la consejera.